domingo, diciembre 22, 2002

GESTIONAR LA CONTRADICCIÓN

"Lo más difícil de aprender en la vida es qué puente hay que cruzar
y qué puente hay que quemar".
Bertrand Arthur William Russell

El atributo central del liderazgo es la habilidad para gestionar la contradicción. En cada aspecto de la vida, las contradicciones son inevitables: Queremos vivir, sin embargo debemos morir. ¿Cómo puedo consagrarme totalmente a mi familia y a mi carrera? ¿Soy el jefe o un amigo?¿Cómo conjugar mis propias necesidades con las de mi equipo? Estas paradojas son parte de la vida.

Cada interacción es una forma de confrontación, un choque de prioridades, un forcejeo de dignidades, una batalla de creencias. Sin embargo, no es una invitación a emprender una lucha épica del bien contra el mal, o de lo correcto contra lo incorrecto. Hay que tener cuidado para no dar con la cabeza contra la pared. Las contradicciones están en la naturaleza de cosas. Cómo actuamos, la manera en que respondemos a esas contradicciones, es justo allí donde separamos la grandeza de la mediocridad.

Esto no significa que no tengamos que tomar decisiones. Las elecciones difíciles son una tarea diaria del liderazgo. Los líderes tienen que contratar y echar personas, decidir nuevas estrategias y arriesgarse con inversiones (todas acciones que refuerzan el estrés y la culpa). La presencia de la culpa no es el resultado de hacer malas elecciones, sino de la elección en sí misma. Esa es la condición humana: somos “un ser que elige”. En el "cómo", es lo que nos da el carácter. El "que" es encontrar el sentido de la situación, el sentido de la vida. Cuando se aceptan las contradicciones de la vida, se pierde la arrogancia.

Los mejores líderes operan en cuatro dimensiones: la visión, la realidad, la ética y el coraje. Estas son las cuatro formas de percibir, los cuatro lenguajes para comunicar, que se requieren para obtener resultados significativos y sostenidos. El líder visionario piensa con amplitud, piensa nuevo, piensa hacia adelante y, más importante aún, está en contacto con la profunda estructura de la conciencia humana y su potencial creativo. La realidad es el polo opuesto de la visión. El líder realista sigue este lema: "Enfrenta la realidad como es, no como quieres que sea". El realista trabaja con parámetros rígidos, verdaderos, diarios y numéricos. Maestro en el arte de lo posible, el realista no tiene ilusiones, ve los límites y no tiene ninguna paciencia para la especulación. La ética se refiere a los valores humanos básicos de integridad, amor y significado. Esta dimensión representa un mayor nivel de desarrollo. No un desarrollo gobernado por el temor o el placer, sino por principios. El valor es el eje del deseo; involucra la capacidad de hacer que las cosas sucedan. La raíz filosófica de esta dimensión yace en la plena comprensión del libre albedrío en los asuntos humanos. El coraje involucra a ambos, tanto a la habilidad de tomar posición como a la internalización de la responsabilidad personal y la confianza que de ella se desprende. El verdadero desafío del liderazgo es desarrollar todos estos estilos (a menudo contradictorios) de pensamiento y comportarse en consecuencia. Los líderes tienden a operar, a lo sumo, en dos dimensiones (debido más a una falta comprensión de la naturaleza humana, que a un intento fallido). La realidad domina.

"Las personas son nuestro recurso más importante." Desgraciadamente, estas son a menudo palabras vacías. Esto no se debe únicamente a que pocas personas hacen la conexión entre los resultados y los valores humanos, sino también que no existe la comprensión adecuada de lo que significa ser un ser humano en un ambiente competitivo. "Visión" podría ser una de las palabras más gastadas en las organizaciones, pero de hecho La Visión (en el sentido de aguzar el pensamiento y desarrollar la capacidad de innovación continua) es raramente practicada. Y el coraje, es aún más raro de encontrar. Cuando hablamos de coraje, normalmente queremos decir o tomar riesgos. Aristóteles creía que el coraje era la primera de las virtudes humanas, porque hacía posible las otras. El coraje empieza con la decisión de enfrentar la verdad más profunda acerca de la existencia: ese "pequeño y sucio secreto" de que somos libres. Requiere una comprensión de la libertad a un nivel arquetípico (la comprensión de que somos libres para definir quiénes somos a cada momento). No somos lo que la sociedad y el azar han hecho de nosotros; somos lo que hemos escogido ser desde la profundidad de nuestro ser. Somos un producto de nuestro deseo. Nos hemos hecho nosotros mismos, en el sentido más profundo.

Uno de los problemas más graves de la vida es la auto-limitación: Creamos mecanismos de defensa para protegernos de la ansiedad que acompaña a la libertad. Nos negamos a desplegar nuestro potencial. Sólo vivimos marginalmente. Esta era la definición de Freud de neurosis: "Limitamos la manera en que vivimos para poder limitar la cantidad de ansiedad que experimentamos." Terminamos adormeciendo muchas de las funciones de nuestra vida. Cerramos los centros del pensamiento emprendedor y creativo para detener el progreso y el crecimiento. Ninguna decisión significativa -personal u organizacional- ha sido emprendida alguna vez, sin que haya sido motivada por una crisis existencial, o sin el compromiso de pasar a través de la ansiedad, la incertidumbre y la culpa.

La responsabilidad personal de conseguir que los demás lleven a cabo algo, es la clave del líder. Es la paradoja existencial de considerarse 100% responsable del destino de su organización -por un lado- y no asumir ninguna responsabilidad por las elecciones que hicieron otras personas -por el otro-. Es como con los hijos. Uno es 100% responsable de cómo "resultan" sus hijos. Pero se logra un buen resultado, enseñándoles que ellos son 100% responsables de cómo resultan.

Entonces...¿cómo motivar a las personas? No con técnicas, sino arriesgándose personalmente con ellas, demostrando un compromiso grande y duradero y demostrando coraje. Nada enseña tanto como lo hace el desafío de la existencia. Uno no puede elegir por los demás. Todo lo que se puede hacer, es informarles que no se puede escoger por ellos. Y esto es, en sí mismo, un gran motivador para las personas. El papel del líder no es tanto el de sanar o ayudar, sino aumentar las posibilidades de que surja una "libertad responsable".