lunes, noviembre 24, 2003

COMUNIDAD IDEAL

"Si la suma total de los actos del mundo fuera negativa y destructiva, éste se habría extinguido hace tiempo" (Mahatma Gandhi).


Para sacarnos de nuestra zona de comodidad y darnos la motivación para buscar un cambio, a algunos el impulso del cambio les proviene de perder el empleo, a otros, de la pérdida de un ser querido. Sea cual fuere, la crisis funciona como una llamada de alerta. Nos activa y nos conduce a examinar lo que estamos haciendo, por qué lo hacemos y cómo continuaremos. Una crisis profunda nos obliga a abrir nuestros ojos y a afrontarla. Los problemas y dificultades que enfrentamos pueden ser enormemente útiles si nos "despiertan" y nos hacen cambiar: cuando nos sirven para replantear nuestra forma de ver, pensar y actuar; para reorganizar nuestros recursos y para reorientarnos hacia la dirección de nuestros sueños.

Gandhi comparaba una comunidad ideal con el cuerpo humano. Las diferentes partes del cuerpo tienen diferentes funciones -algunas más vitales o importantes que otras- pero en momentos de crisis todo el cuerpo se une para enfrentar una herida o un dolor, aunque ocurra en el dedo del pie. De manera similar, la comunidad ideal está compuesta por diferentes grupos que, en momentos de crisis, acuden en ayuda de quien más lo necesita. Gandhi definía la comunidad como el lugar donde las personas tienen fuertes relaciones unas con otras y donde cada una "está para la otra".

En nuestro concepto histórico de "vivir juntos", la calidad de las relaciones humanas raramente es considerada. Como resultado, construimos organizaciones indiferentes en lugar de comunidades compasivas. Esta herencia nos ha conducido a un pesimismo paralizante. Creemos que "no podemos cambiar toda una sociedad" o "no podemos revertir siglos de historia". Somos negativos porque nos hemos entrenado a lo largo de los siglos en ello.

¿Cómo encontramos la forma en que podemos contribuir al bien de nuestra comunidad? Escuchando a las partes, facilitando el diálogo y brindando nuestro ejemplo podemos impulsar una resolución constructiva de los problemas. Aunque no podamos asumir un rol directo en los conflictos que nos rodean, podemos sumar nuestra voz. Podemos hablar y comprometernos en contra del conflicto destructivo.

"El aprendizaje verdadero llega al corazón de aquello que significa ser humano. A través del aprendizaje nos recreamos; podemos hacer algo que nunca fuimos capaces de hacer; repercibimos el mundo y nuestra relación con él; extendemos nuestra capacidad de crear y somos parte del proceso generativo de la vida. Existe en cada uno de nosotros un ávido deseo por este tipo de aprendizaje." (Peter M. Senge).